La educación física desempeñaba un papel fundamental en el sistema educativo griego, ya que formaba parte del anhelado equilibrio armónico entre las actitudes físicas y las intelectuales. Conviene, sin embargo, establecer una distinción entre dos concepciones opuestas de la educación física: la arcaico-aristocrática de esparta y la clásico democrática de Atenas. La mentalidad espartana, fundamentalmente guerrera, orientaba la educación física de los niños hacia el combate. Así, desde muy pequeños, tanto niños como niñas recibían en esparta una dura preparación física, en la que incluso se fomentaba la crueldad. Ya a los 7 años de edad eren separados de sus padres, y pasaban a depender exclusivamente del estado solo niños de fuerte complexión eran considerados dignos de recibir educación; los débiles eran excluido o incluso asesinados. Los jóvenes se ejercitaban fuera de la ciudad en el dromos (lugar para correr) y, dentro de sus límites en la palestra (recinto para la lucha). Esparta fue la gran triunfadora en las primeras ediciones de los juegos olímpicos (siendo especialmente admirados los velocistas), pero, con el paso de tiempo su participación fue menguando, ya que su único interés radicaba en prepararse para la guerra.
En cambio, en Atenas, la concepción de la educación era muy diferente. Desde los 14 años, los muchachos se ejercitaban en un recinto privado, la palestra, donde, bajo los sabios consejos del pedotriba, practicaban salto, disco, jabalina, solos (especie de lanzamiento de peso o bala), lucha, acrobacia, danzas, etc.; incluso existía una teoría del entrenamiento en la que se aplicaba los principios de especificidad e individualización.
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